Cuando sale el tema de esa roca, esa puñetera roca en la punta de la Península, entre mis compañeros de trincheras muchos se llevan las manos a la cabeza y exclaman numerosas barbaridades a los cuatro vientos de poniente. “¡Gibal…Gribrial…Gibraltar español!” –decía un camarada exaltado que apenas es capaz de pronunciarlo de corrido–. “Es una vergüenza lo que esos inglesitos y su querida reina nos hacen tragar… ¡que humillación! ¡qué despropósito! ¡otra caña Silvia!”. Y es que todos sabemos que a partir de la cuarta cerveza cualquier cuadrilla de beodos españoles podría vislumbrar la solución de todos los problemas de España y de, caray…, ¡el mundo cartografiado!
Llegados a esa situación intento mediar un poco y comento que si se sienten tan humillados por los ingleses, con sus monos, sus tabacos fuera de impuestos y su Glens Dark Rum de un litro por 3,49 £ (pruébenlo, no está nada mal), como se sentirán de ultrajados con la que tenemos en esta patochada de país en el que vivimos, en el que corruptos y maleantes se pavonean como cisnes en una tienda de patitos de goma y en el que el ron más barato cuesta 6,5€ (que resaca te mete eso…). Sin embargo por ahí no puedo pillarles, también están muy disgustados con el producto nacional pero de otro modo… es algo así como:
-Vale los de aquí son malos… ¡pero son nuestros malos! ¡No podemos permitir que vengan infames ajenos…
–Ingleses.
-¡Ingleses! ¡A tomar lo que es nuestro!
Entonces trato de ilustrarles lo sucedido, tratar de explicar que se ha intentado recuperar, que ha habido batallas e incluso victorias, pero no ha podido ser.
-“¡Vive Dios Ambrosio! Con lo que tú eres, que nos vengas aquí a defender a los ingleses, si cada vez que ves la Union Flag la modificas para que sea la Cruz de San Andrés”. Puede ser, pero compañeros, al César lo que es del César: si la han conservado por tanto tiempo no es por casualidad. Ya lo decía el escribano Reverte: “Gibraltar pertenece a quienes desde hace tres siglos lo defienden con eficacia, en buena parte porque nadie ha sabido disputárselo…”.
Pero retrocezamos al génesis de este feo contencioso. En plena Guerra de Sucesión Española, una coalición de Inglaterra y Provincias Unidas, simpatizantes del Archiduque Carlos (1704), ven en Gibraltar una ocasión de resarcirse del fallido asalto a Barcelona. Importante punto estratégico gracias a las comunicaciones entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, ¿cuál fue la sorpresa cuando llegaron allí? Que ese importantísimo peñón, tanto a nivel estratégico como geográfico, se encontraba defendido por 100 soldados y unos 400 civiles… Sin embargo los asaltantes no las tenían todas consigo, pues lograron hacerles frente durante varios días. Hasta que con los puertos destrozados y el enemigo a las puertas no tuvieron más remedio que aceptar la capitulación y entregar la plaza. Semanas después se produjo el primer intento de recuperar Gibraltar por parte de la flota Francesa. Bueno… se puede decir que… Lo intentaron
En 1727 se produjo un segundo intento por parte de las tropas españolas por recuperar el Peñón, en esta ocasión el ataque español recurrió a la pillería castellana, comenzando a construir una serie de baterías en la cosa, cosa que no gustó a los llanitos, que sin mediar una declaración de guerra oficial exigieron explicaciones. Las explicaciones fueron muy sencillas: “En el tratado de Utrecht en Gibraltar solo se contempla la soberanía de muros hacia dentro, no dice nada de la costa ji ji” –bueno igual eso último no lo puso, pero me gusta pensar que si–. Sin embargo una vez iniciadas las hostilidades, los ataques por parte de los ingleses suponían más destrozos en las tropas españolas que en las inglesas. Por lo que ante la falta de apoyo tuvieron que retirarse.
Por último, tenemos un tercer intento en 1779 en el que se unieron las tropas francesas y españolas para acometer la captura del Peñón, Menorca y diversas plazas en América. Para llevar a cabo esta nueva intentona se procuró no caer en los errores anteriores. En el primer asedio vieron que la incursión militar no funcionaba. En el segundo las baterías no ayudaron especialmente. ¿Qué debían hacer ahora? Bloqueo de suministros. No parecía una mala idea ya que bloqueando la entrada de suministros a la ciudad no podrían abastecerse y terminarían rindiéndose. Lo que es sitiar una ciudad a la vieja usanza, vaya. Sin embargo, y debido a la niebla, el almirante Lángara encargado del bloqueo marítimo, no vio venir una flotilla inglesa de aprovisionamiento, y cuando los tenía demasiado cerca tomó la decisión de… huir… Durante varios años más, la historia se repetía… Bloqueos marítimos, pero los buques ingleses seguían llegando…Hasta que finalmente en 1783 se produjeron las negociaciones finales por las que se concedía a España: Menorca, las dos Floridas así como las zonas Honduras y Campeche, poniendo fin a las hostilidades.
Las tropas españolas han plantaron cara desde varios frentes, pero los ingleses supieron resistirlas con más o menos acierto. Sin embargo, con todo lo que ha acontecido estos últimos días, cabe preguntarse una perversa cuestión: ¿A santo de qué, siguen manteniendo esa colonia en la otra punta del mapa? Este tipo de colonias han sido paulatinamente devueltas a sus legítimos dueños (Hong Kong precisamente en 1998 por los própios ingleses) e incluso en 1978 la propia ONU pidió la descolonización de la roca. Por lo tanto se nos presenta el gran dilema:
Gibraltar ¿Español?
Respuesta corta: SI
Respuesta Larga: No, ese no es el debate…
La soberanía de ese anacronismo repleto de monos –en el sentido estricto de la palabra– no tiene otra salida que acabar por confluir en la descolonización exigida en su momento por la ONU. Sin embargo el tema principal, y del que no podemos alejarnos ahora, es que una pequeñisima población de la Península Ibérica vive a costa de chuparnos la sangre al resto. Los llanitos han aprovechado cualquier resquicio legal para sacar provecho a costa de nuestra economía, del turismo que nos roban con su baja fiscalidad, del paraíso fiscal que tienen montado, y de nuestro medio ambiente –amenazado por la brutal práctica del "bunkering" (gasolineras flotantes)–. Sin entrar en asuntos de soberanía, tampoco es tolerable que se pasen por la punta del Peñón el Tratado de Utrech que tanto se afanan en defender cuando les conviene. Según el tratado, las únicas aguas pertenecientes a Gibraltar son las colindantes al puerto, el resto es vulnerar el tratado. La permisividad ha sido la lacra de la posición española en el trato con unas personas que no entienden lo que es vivir en una sociedad solidaria, al fin y al cabo nunca han estado integradas en una. En definitiva, son el capricho irresponsable de una metrópoli muy interesada en sacar de quicio a España.
“Welcome to the andaluz England!” Que a los guiris eso les encanta… Como ya dije en otro artículo… Los ingleses son muy suyos para sus cosas…
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