Una vez más nuestro legendario Rey resulta intervenido de esa maldita cadera protésica que tanta lata le está dando. Maldita sea la hora que aceptamos la donación de Robocop que anda de capa caída… Lo cierto es que los porcentajes no están del lado de la Familia Real, pues solo un 2% de este tipo de prótesis se infectan. Es decir, un tanto por ciento tan bajo como el de que Hacienda filtre por error el número del DNI de la infanta. Viendo el panorama que se le viene encima a Juancar cabe una perversa pregunta, y no es aquella perogrullada progre de:
–¿Operación en hospital privado, ehh?
–No no, yo quería en uno público, cosas de Sofi, ya saben cómo son las mujeres ha ha ha.
Sino algo mucho más serio: ¿Es el momento de echar el telón?
Si bien es cierto que por Europa parece estar de moda el ir abdicando, nuestro Jefe de Estado sigue al pie del cañón en un momento muy complejo de nuestra historia y eso que ya ha dado algún que otro susto (entre caídas y operaciones salimos de Málaga solo para meternos en Malagón) y aunque parece que todo ha salido chachi piruli, su deteriorada salud da que pensar sobre si ya toca echar el cierre.
En el banquillo real aguarda un tipo bastante alto, bastante simpático y por lo que se ve, bastante preparado para llevar las riendas de este país en el que vivimos. Con unos índices altos de simpatización (sí, me he inventado esa palabra) entre sus súbditos, se comienza a oír un ligero runrún por los mentideros de la villa. No olvidemos un dato a tener en cuenta: sabe cómo funcionan los malvados recovecos de la prensa gracias a la inestimable ayuda de Doña Letizia, que ejerció esa profesión durante muchos años, con una dedicación intachable (no dejen de visitar los baños de la facultad de periodismo, encontrarán divertidas anotaciones como “La princesa hizo pis en este trono”). Y en un momento como este, si algo requiere con urgencia la Casa Real es a un capitán con bemoles para el área de comunicación. Alguien que sepa maquillar los escándalos reales –ojalá no sea necesario– y las escapaditas a la taberna del turco enfundado en un jubón amarillo.
No nos echemos las manos a la cabeza, no tiene pinta de que sea algo que suceda de forma inminente. Como en el fútbol donde el Atleti ha obtenido buenos vientos, la opinión pública sopla tímidamente en dirección al Príncipe de Asturias. Yo mientras tanto voy a ir sacando lustro al toisón no vaya a ser que haya recortes en la corte y me devuelvan para Italia.
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