Francisco de Goya: Carlos IV y su familia

Sobre ladrones, meretrices y otros oficios de reyes

Twittear Autor: @Espinola_Ambros

La historia de España ha estado marcada por el ir y venir de reyes y dinastías; rivales, cada uno, por ser más corruptos y vagos que sus predecesores. Dedicados al despilfarro, a malgastar  y a no dejar ni un mísero recuerdo de lo que hemos sido o por lo que hemos luchado. Si hemos logrado conservar algo es gracias a los pintores y poetas que dieron su vida –en algunos dramáticos casos de forma literal- y su talento a una patria que nunca se lo agradecerá lo suficiente. Francisco de Goya bien lo sabe.

Carlos IV y su familia Carlos María Isidro Fernando VII Mª Josefa de Borbon Futura esposa de Fernando VII Infanta Isabel Mª Luisa Francisco de Paula Carlos IV Antonio Pascual Mª Amalia de Borbon Luis de Etruria Reina de Etruria Carlos Luis de Borbon

Por su genialidad destaca uno de los escasos cuadros grupales de nuestra monarquía –tan dados al hedonismo de retratarse en la regia soledad–, Carlos IV y su familia, concebido por Francisco de Goya.

Al poco tiempo de convertirse en el Primer Pintor de Cámara, a Goya se le encargó el retrato de Carlos IV –Rey en ese momento– y de su familia. Así lo hizo, retratando al grupo de Borbones, como buenos amigotes que se encuentran en la posada del turco, dando ejemplo de unión, poder monárquico y del “buen rollo” que parecía latente en aquella sala. Sin embargo, por prudencia o por desconocimiento, el pintor obvió:  los puñales escondidos, las traiciones inminentes, los venenos vertidos  y en definitiva el convulso trasfondo que marcaría todo nuestro siglo XIX –muchos dirían que también el XX, con el carlismo en primera fila–.

Presentemos de manera muy breve a cada uno de los pintorescos personajes que aparecen en el lienzo, sospechosos de faltas y errores que en ese momento aún ni sopesaban cometer. De izquierda a derecha, los angelitos.

Carlos María Isidro (1788-1855)

Fundador del movimiento Carlista que llevó a España a un sin fin de guerras civiles durante buena parte del siglo XIX, que a su vez han derivado en los actuales problemas nacionalistas de Cataluña y País Vasco.

Justo por encima de Carlos María aparece Goya, pintor Principal de Cámara y “padre del arte moderno” –don Paco para los amigos–, cuya maestría también obró en su desgracia, puesto que todo apunta a que las pinturas que usaba para sus cuadros le causaron una terrible enfermedad que le dejó sordo y cojo.

Fernando VII (1784-1833)

Futuro Rey español –Rey Felón–-, del que todo hijo de vecino tiene la misma opinión: uno de los peores reyes y mayor traidor de toda la historia –algo así como el Nixon español–. Este pintoresco personaje, entre otras fechorías,  conjuró contra su padre, con la ayuda de otros nobles –grupo conocido por el muy rimbombante nombre de “La Camarilla”–, para usurpar el trono,  cosa que terminó ocurriendo. La llegada de “Le Pettit Cabrón” desvaneció sus planes. Algo así como…

-Oh la lá Mesie Napoleón pase a mi reino…

-Si bueno… anda vete a dar un paseo a Bayona que está muy bonito en este mes, no te preocupes mi bonachón hermanito te guarda el sitio.

Pelota, cretino y pusilánime hasta sus últimos días.

Mª Josefa  (1744-1801)

Hermana de Carlos IV, murió al poco de ser retratada en el cuadro, soltera. No logro entender él por qué…

Futura Esposa (¿?)

Al no tener aún esposa Fernando VII, se le encargó a Goya que pintase una figura con la cara volteada hasta que hubiera una candidata que retratar. Sin embargo el cuadro nunca fue modificado, quedando para la posteridad la misteriosa figura casi fantasmal.

Infanta Isabel (1789-1848)

Joven infanta que se salva de la impopularidad que impregna al resto de personajes del cuadro. Quizás a causa de su discreción, puesto que lo único reseñable de esta buena mujer fueron los 12 hijos que engendró, de entre los cuales una seria la futura esposa de Carlos María Isidro.

Mª Luisa (1751-1819)

Si queréis pruebas de que la prostitución en un trabajo muy antiguo y desempeñado por toda clase social, aquí tenéis la más ferviente mención.

Esta colosal mujer llevaba el peso de todo el país, puesto que su enclenque y pusilánime marido se escondía bajo sus faldones cada vez que ocurría algo. En lo sórdido de su falda no sería de extrañar que  el marido se encontrara a toda una multitud, dado que es bien conocido que era una mujer “ligera de cascos”, con más amantes que joyas. De entre sus muchos supuestos “queridos”, sin duda el de mayor repercusión: su queridísimo Godoy.

Primer ministro de Carlos IV y favorito de la Reina, Godoy fue siempre defendido a capa y espada por la susodicha, que llego incluso a regalarle un caballo –cosas de la corona, supongo–. Se le atribuye, por conjeturas, la paternidad de María Isabel, aunque tales especulaciones bien podrían proceder de las páginas rosa de la época.

Francisco de Paula (1794-1865)

Sin comerlo ni beberlo, este jovenzuelo fue crucial durante el levantamiento del 2 de Mayo. Al ver como los franceses se lo  llevaban en un carruaje, la multitud se percató del problema que se les venia encima. No había reyes y no había personas reales que pudieran acceder al trono, lo que desembocó en un grito unánime: ¡¡Muerte a los Franceses!!

El rey Carlos IV

Este “valeroso” y “trabajador” Rey Español heredó el trono de su padre, Carlos III, pero nuestro amado Rey “El Cazador” no estaba muy interesado en los asuntos de estado, y al cabo de un año delegó prácticamente todos sus poderes –de manera extraoficial, se supone que el que mandaba en casa era papá Carlos– a su mujer María Luisa De Parma y a su leal y fiel valido Manuel Godoy (al que podríamos definir como un doble agente Franco-Español)

Sufrió la conjura de su hijo primogénito, Fernando VII, que le obligó  a abdicar a cambio de unos 800.000 ducados –sería un rey vago pero no un rey excesivamente tonto–. Tras la invasión de las tropas francesas del territorio español, Carlos IV y toda su familia fue exiliada a Bayona donde pasarían cautivos más de 11 años, dejando tras de sí un reino sumido en la guerra;  asunto por el que no mostró especial interés. Parecía que aquella guerra ni le iba ni le venia.

La carga de los Mamelucos Francisco de Goya
Cuadro de Goya La carga de los Mamelucos.

La invasión propició que las colonias americanas se planteasen luchar por su independencia. Gracias Carlitos, no solo nos invaden los franceses, sino que encima perdemos posesiones de ultramar. Por lo menos tienes un semblante bonachón y afable.

Antonio Pascual (1755-1817)

Hermano de Carlos IV –asombroso el parecido físico– siempre leal al absolutismo y alejado de problemas. De carácter bonachón y muy trabajador –en este caso sin comillas–, se ganó el aprecio de muchos, tanto como por su labor en la Casa Real junto a su sobrino Fernando VII, como por su humildad.

Llama la atención lo rimbombante de su nombre: Antonio Pascual Francisco Javier Juan Nepomuceno Aniello Raimundo Silvestre de Borbón y Sajonia

Mª Amalia  / Carlota Joaquina (1775-1830)

No está claro quién es esta señorita que aparece junto a Antonio Pascual. Los historiadores no se ponen de acuerdo en sí es la futura esposa de Antonio Pascual o sí se trata de la primogénita de Carlos IV. No obstante, tanto una como la otra no tienen mayor relevancia en el cuadro ni en la historia más allá de la incógnita.

Luis de Etruria (1773-1803)

Este buen hombre figura en la lista por el simple hecho de estar casado con una de las hijas de Carlos IV. Duque de Parma y Rey de Etruria perdió sus reinos tras la invasión de Napoleón  –daños colaterales de ser un Borbón, vaya–.

Carlos Luis de Borbón-Parma (1779-1883)

Hijo del matrimonio entre Luis de Etruria y María Luisa de Borbón.

María Luisa De Borbón (Reina de Etruria)  (1782-1824)

Infanta de Carlos IV casada con Luis de Etruria

El lienzo nos presenta una horda de personajes que fueron cruciales en la historia de España, pero para llevarla a la miseria. Un grupo de Reyes vagos y traidores que bailaron al son que Napoleón les dictó. Víctimas, títeres o bien verdugos, lo asombroso del asunto es que ninguno de los que aparece en el cuadro puede presumir de haber hecho por España más de lo que deshizo. Pero bueno, hay que excusarles: son Borbones.


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