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Para Valle-Inclán, la tertulia era un campo de batalla

Tweet Autor: Una pica en Flandes

Es conocida la extraña afición del escritor Ramón María del Valle-Inclán, hombre erudito y cultivado, por pelearse en las tertulias. El 24 de julio de 1899, a causa de una discusión en el Café Nuevo de la Montaña Valle-Inclán perdería su brazo.

Para Valle-Inclán, la tertulia era un campo de batalla

Discutía el escritor con su amigo Manuel Bueno, afamado periodista, sobre la legalidad de un duelo que iba a celebrarse debido a la minoría de edad de uno de los duelistas. La pelea fue a mayores, Valle-Inclán batió una botella de cristal y Manuel Bueno un bastón metálico. La mala suerte quiso que a Valle-Inclan se le clavara un gemelo en su muñeca izquierda, con resultado de fractura conminuta de los huesos del antebrazo izquierdo. La herida se gangrenó y el 12 de agosto de 1899, el médico y cirujano Manuel Barragán y Bonet le amputó dicho brazo.

“Manuel Bueno, según el testimonio del caricaturista Francisco Sancha, da un paso atrás y apresta el bastón que lleva. Valle-Inclán instantáneamente toma la botella del agua por el cuello y trata de aporrear a Bueno, salpicando a los circunstantes. El bastón de Bueno cae sobre el brazo izquierdo de Valle-Inclán. Este golpe, sin consecuencias, al parecer, y un «fracaso de cristales», sustancian la rápida disputa. Pero un gemelo del puño ha desgarrado la muñeca de Valle-Inclán. Éste se despreocupa de lesión tan leve y no se previene sobre la posible infección”. 

No sería su único incidente en un cafe, Pío Baroja en sus memorias relata otro incidente calcado del acaecido en el Café de la Montaña, años después, pero no mucho.

“Recuerdo una vez que alguien propuso una expedición a Andalucía. De estas expediciones se proyectaban muchas y no se realizaba casi ninguna. Valle-Inclán dijo que había que hacer el viaje en invierno, y José Ignacio Alberti, granadino, observó que en muchos sitios de Andalucía era muy frío el invierno. Valle-Inclán le contestó desdeñosamente, y Alberti le dijo que no fuera ridículo. Valle le insultó; Alberti le contestó. Valle le tiró una botella a la cabeza. Alberti le tiró una copa. Se armó un escándalo furioso, y Valle-Inclán apareció con la mano llena de sangre. Se había hecho una herida. Sangraba mucho. Fuimos dos o tres a una botica del doctor Simón, de la calle del Caballero de Gracia, próxima a la Red de San Luis, y yo le puse un esparadrapo."

Carlos Fisas cuenta otra anécdota en un Café. Estaba Valle-Inclán en una reunión de intelectuales tratando de hablar, pero nadie se callaba. Entonces, cansado, sacó su revolver y pegó un disparo por debajo de la mesa. Se hizo el silencio y él, tranquilo, dijo:

— Pues como intentaba decirles...

(La tercera anécdota está extraida del libro Historias de la Historia de Carlos Fisas)

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